Explore "Cánovas" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras tomábamos café salieron presurosas las dos Efémeras, y una de ellas, en quien creí reconocer a la que me dio la pluma milagrosa en la plazuela de Santa Ana, dijo, tocándome en el codo: «Aprisita, que es tarde». Al pasar las dos rapazuelas del bodegón a la calle, advertí que sus flotantes túnicas se trocaron de negras en verdes.
Reparadas las fuerzas con el sabroso condumio, Casiana y yo seguimos paseando. Nuestra lenta y maquinal andadura nos llevó por los Pozos de Nieve y la antigua Ronda de Santa Bárbara hasta encontrarnos, sin saber cómo ni por qué, en el Campo del Tío Mereje, lugar asoleado y polvoriento que en verano suele ser invadido por los jayanes que apalean alfombras, y en todo tiempo es academia donde maestros de tambor enseñan a los quintos el paso redoblado, el paso lento, y demás fililíes del sonoro parche guerrero.