Explore "Doña Perfecta" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
-¡Resignación, resignación! -volvió a decir don Inocencio.
-¡Resignación, resignación! -repitió ella enjugando sus lágrimas. Puesto que mi querido hijo ha de ser siempre un pelagatos, séalo en buen hora. Los pleitos escasean; bien pronto llegará el día en que lo mismo será la abogacía que nada. ¿De qué vale el talento? ¿De qué valen tanto estudio y romperse la cabeza? ¡Ay! Somos pobres. Llegará un día, señor D. Inocencio, en que mi pobre hijo no tendrá una almohada sobre que reclinar la cabeza.