Zaragoza by Benito Pérez Galdós — Read

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Mi batallón no tomó parte en las salidas de los días 22 y 24, ni en la defensa del Molino de aceite y de las posiciones colocadas á espaldas de San José; hechos gloriosos en que se perdió bastante gente, pero donde se sentó la mano con firmeza á los franceses. Y no era porque éstos se descuidaran en tomar precauciones, pues en la tercera paralela, desde la embocadura de Huerva hasta la puerta del Carmen, colocaron 50 cañones, los de más grueso calibre, dirigiendo sus bocas con mucho arte contra los puntos más débiles. De todo esto nos reíamos ó aparentábamos reirnos, como lo prueba la vanagloriosa respuesta de Palafox al mariscal Lannes (que desde el 22 se puso al frente del ejército sitiador), en la cual le decía: «La conquista de esta ciudad hará mucho honor al señor Mariscal si la ganase á cuerpo descubierto, no con bombas y granadas, que sólo aterran á los cobardes.» Por supuesto, en cuanto pasaron algunos días, se conoció que los esfuerzos esperados y los poderosos ejércitos que venían á libertarnos, eran puro humo de nuestras cabezas, y principalmente de la del diarista que en tales cosas se entretenía. No había tales auxilios, ni ejércitos de ninguna clase andaban cerca para ayudarnos.

Yo comprendí bien pronto que lo publicado en la Gaceta del 16 era una filfa, y así lo dije á D. José de Montoria y á su mujer, los cuales en su optimismo atribuyeron mi incredulidad á falta de sentido común. Yo había ido con Agustín y otros amigos á la casa de mis protectores para ayudarles en una tarea que les traía muy apurados, pues destruído por las bombas parte del techo, y amenazada de ruína una pared maestra, estaban mudándose á toda prisa. El hijo mayor de Montoria, herido en la acción del Molino de aceite, se había albergado con su mujer é hijo en el sótano de una casa inmediata, y Doña Leocadia no daba paz á los pies y las manos para ir y venir de un sitio á otro, trayendo y llevando lo que era menester.

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