Explore "Zaragoza" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dormí desde las tres al amanecer, y por la mañana oímos misa en el Coso. En el gran balcón de la casa llamada de las Monas, hacia la entrada de la calle de las Escuelas Pías, ponían todos los domingos un altar y allí se celebraba el oficio divino, pudiéndose ver el sacerdote, por la situación de aquel edificio, desde cualquier punto del Coso. Semejante espectáculo era muy conmovedor, sobre todo en el momento de alzar, y cuando, puestos todos de rodillas, se oía un sordo murmullo de extremo á extremo.
Poco después de terminada la misa, advertí que venía como del Mercado un gran grupo de gente alborotada y gritona. Entre la multitud, algunos frailes pugnaban por apaciguarla; pero ella, sorda á las voces de la razón, más rugía á cada paso, y en su marcha arrastraba una víctima sin que fuerza alguna pudiera arrancársela de las manos. Detúvose el pueblo irritado junto á la subida del Trenque, donde estaba la horca, y al poco rato uno de los dogales de ésta suspendió el cuerpo convulso de un hombre, que se sacudió en el aire hasta quedar exánime. Sobre el madero apareció bien pronto un cartel que decía: Por asesino del género humano, á causa de haber ocultado veinte mil camas.