Bailén by Benito Pérez Galdós — Read

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-Gabriel-me dijo con voz temblorosa y sin dejar de mirar hacia el sitio del tumulto-, vas a hacerme un favor. ¡Los franceses! ¡Están ahí los franceses! Sí., yo he visto pasar por esas calles las gorras de pelo de a dos varas de alto. Bien lo decía yo. ¡Mi sobrinita y mi hermana tienen unas cosas.! A ellas solas se les ocurre mandarme con esta comisión, sin reparar que la pierna gotosa no me deja correr. Pero no doy un paso más., me retiro a casa. ; tú te encargarás de llevarlas flores, la carta y el recado. ¿No oíste un tiro? Me parece que vienen por ese lado. ¡Jesús, esto es atroz! Si viene una bala perdida. Adiós, me voy; toma, chiquillo, encárgate tú de esto. Es muy fácil. Ahí está el convento. Mira, en aquel callejón está la puerta del torno. Entras, preguntas por la Srta. Inés, la novicia., pues. Dices que vas de parte de la Sra. Marquesa de Leiva. ¿Lo olvidarás?. ¡Dios mío! ¡Esas mujeres que pasan corriendo!. Sin duda los muy tunantes intentan deshonrarlas. Me voy. Toma, entra tú en el locutorio. ¡Para qué vendría yo a estos malditos barrios! Toma el ramo de flores contrahechas., toma la carta, que darás a la Srta. Inés. ; le dices que la Sra. Marquesa está enojada con ella, y que es preciso que a salir del convento se decida. Insiste mucho en esto, ¿eh? ; dile que nos vamos para Madrid, y que en la Corte del nuevo rey José I. ¡Demonio, eso que ha sonado es un tiro de obús!. Me parece que ha caído una granada en el techo de esa casa.

-¿Una granada? Lo menos cincuenta van disparadas ya-dije yo, atizando el fuego de su miedo para que se marchara pronto y me dejase tan sublime comisión.

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