Explore "La Segunda Casaca" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Carlos Navarro, al día siguiente de su llegada, me notificó que su familia abandonaba mi casa. Además de que no parecía de su agrado aquella residencia, las habitaciones no eran suficientes para cinco personas, pues Navarro no quería separarse de sus dos amigos. Alquiló, pues, una hermosa casa amueblada con lujo en la solitaria calle de Sal si puedes, hermosa vivienda, perteneciente a un grande que viajaba por el extranjero. Carlos era hombre rico y nada tacaño en el gasto y brillo de su persona: así es que, extinguido el imperio del avariento Baraona, púsose la familia en un pie de opulencia que eclipsó mi decorosa medianía. Tenían casa hermosa, aunque pequeña, varios criados y cuadras y cocheras, anejas al edificio. No sé si he dicho que Garrote era coronel de ejército, merced al reconocimiento de grados que se hizo a los guerrilleros; y si él hubiera sido pedigüeño como otros, habría obtenido la faja.
Como vivíamos tan cerca, casi todos los días me tenían allá. Baraona, que cada vez se inclinaba más a la tierra, no podía pasar sin mis noticias ni sin mi atención, cuando soltaba la sin hueso en pro del régimen absoluto. Carlos se preocupaba mucho también de política.