Explore "La Segunda Casaca" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Rey había prometido jurar; pero no juraba, ni se nombraba nuevo Gobierno, ni siquiera nuevo Ayuntamiento. Estábamos a merced de un golpe de mano, y si el ejército había dado al país la libertad, el ejército podía quitársela de la noche a la mañana. Las reuniones secretas, que ya eran públicas, trabajaron toda la tarde y parte de la noche, mientras seguían las demostraciones populares, juego inocente que nos daba risa.
Amaneció el día 9, el gran día. El pueblo, aguijoneado por quien sabía hacerlo, se reunió en los alrededores de Palacio, puso su planta en la puerta y dijo que quería entrar. La guardia callaba y dejaba hacer. El pueblo entró en el patio grande y se paseó de un extremo a otro, dando gritos y entonando las canciones de aquellos días. Por los vidrios de la galería alta asomaban las caras pálidas de medrosas damas y tímidos palaciegos que preveían un desastre. Cansado de esperar en el patio, el importuno visitante bramaba de impaciencia. Era aquella una visita que no se hace todos los días, y como cosa nueva carecía de reglas de etiqueta. El pueblo, pues, anhelaba subir antes de que se lo mandasen, o antes que lo echaran a la calle.