El Terror de 1824 by Benito Pérez Galdós — Read

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Muy gozoso y satisfecho estaba D. Benigno Cordero con el suceso de su vuelta a la patria y al hogar querido, y resuelto a que el durase mucho el contento, hacía propósito firmísimo de no tornar a mezclarse en política, ni vestir uniforme, ni menos hacer heroicidades en Boteros ni en otro arco alguno. Verdad es que guardaba en su pecho cual tesoro riquísimo o como los restos queridos de una persona amada que se depositan en secreta urna, las mismas aficiones políticas a que debió su destierro. Eso sí: antes creyera que el sol salía de noche que dejar de ver en la libertad, en el progreso y en la soberanía del pueblo, la felicidad de las Naciones. Mas era preciso poner una losa sobre estas cosas y D. Benigno la puso.

-Desde hoy -dijo-, Benigno Cordero no es más que un comerciante de encajes. No adulará al absolutismo, no dirá una sola palabra en favor de suyo; pero no, ya no tocará más el pito constitucional ni la flauta de la milicia. A Segura llevan preso. Yo tengo ideas, sí, ideas firmes, pero tengo hijos. Es posible, es casi seguro que otros, que también tienen mis ideas, las hagan triunfar; pero mis hijos por nadie serán cuidados si se quedan sin padre. Atrás las doctrinas por ahora, y adelante los muchachos. Ahora silencio, paz, retraimiento absoluto. cabeza baja y pico cerrado. pero ¡ay! alma mía, allá recogida en ti misma y sin que te oigan los oídos de la propia carne en que estás encerrada, no ceses de gritar: «¡Viva, viva y mil veces viva la señora libertad!».

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