Explore "Los Duendes de la Camarilla" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con las buenas prendas de ropa, nuevas las unas, las otras apenas usadas, que le iba dando Domiciana, llegó a ponerse Lucila tan bien apañadita, que daba gloria verla. Si sus extraordinarias gracias naturales adquirían realce con la pulcritud y el decente atavío, la ropa puesta sobre tal belleza resultaba mucho más linda y elegante de lo que era realmente. Por la calle veíase seguida y acosada de mozalbetes, y por todos requerida de amores. Tenía que cuadrarse a menudo, tomando los aires de arisca manola, para sacudirse de los señores de levosa (así solían llamar a las levitas) y de los militares de chistera (mote aplicado a los tricornios). Por su parte Domiciana no se descuidaba, y cada día se iba poniendo más guapetona. Peinábase lindamente; sus trajes eran elegantes dentro de la sencillez y modestia; presumiendo de pie pequeño y bonito, calzaba con fineza, y era por fin extremada en el aseo de su persona. Lucila se maravilló de ver los variados objetos que en su alcoba y gabinete tenía para la diaria faena de sus lavatorios.
La confianza entra las dos mujeres crecía y se afianzaba de día en día, llegando hasta la fraternidad. Domiciana propuso a Lucila que se tutearan, y así quedó practicado y establecido, hablándose como compañeras o amigas de la misma edad. En tanto, la exclaustrada consagraba ya menos tiempo a la preparación de ingredientes de tocador o de medicina casera, sin llegar al abandono de su industria. La cerería teníala confiada a Ezequiel y Tomás: iba y venía, contenta y orgullosa, como el que ve sus facultades aplicadas a un fin práctico con resultado eficaz. Pero no le faltaban quiebras y desazones, y una de estas era el continuo asedio del pobre cesante, amigo y azote de la casa, que habíala tomado por buzón en que diariamente depositaba el eterno memorial de sus cuitas. D. Mariano era su sombra: le cogía las vueltas en la calle, la estrechaba en la tienda y trastienda, seguíala con frescura descortés al sagrado de sus habitaciones particulares, se colaba en el gabinete, y hasta la sorprendió una vez en papillotes, preparándose para su limpieza corporal.