Explore "Carlos VI en la Rápita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Amposta, Abril.- Contentos partimos, no sin dejar alguna fibra de nuestros corazones prendida en la bella y hospitalaria Tortosa, en su buena gente, en los leales amigos que allí dejábamos. ¡Qué hermosura de viaje; qué navegación maravillosa por la corriente del ensueño, por un río de plata, bajo un cielo de intenso azul! La luna llena, lámpara rostral, iluminaba y miraba el agua por donde íbamos, y la tierra de una y otra ribera. Su claridad penetraba en nuestras almas, y nuestros ojos requerían los ojos cóncavos del planeta y su boca sin sonrisa. La redonda cara corría ladeada por el cielo, y nosotros, después de mirarla en lo alto, la veíamos abajo, en el cristal sereno y profundo. ¡Oh Ebro, español río, cuán soberano y bello al dejarte caer perezoso con toda la hinchada pompa de tus aguas en los brazos de la mar!
En la primera parte de la expedición íbamos mudos, subyugados de la hermosura que nos rodeaba; luego cada cual empezó a lanzar del alma sus observaciones; cerca ya de Amposta, Donata, más comunicativa que yo, me dijo: «Voy confiada en la protección de la Virgen. Verás cómo no nos pasa nada, y salimos tranquilamente de este río para el mar grande, que nos llevará lejos. No me engaño, no, en esta confianza. Aunque mucho he pecado, y pecando estoy siempre, la Virgen me saca de mis tribulaciones. La Virgen no castiga, la Virgen a todos ama, intercede por los pecadores, y perdonándonos nos enseña a ser buenos. La Virgen es la verdadera cristiandad. ¿No lo crees así?».