La de Bringas by Benito Pérez Galdós — Read

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Fue, sí, el día de San Lorenzo cuando recibieron una carta que a entrambos les dejó perplejos y así como atontados. ¿A quién no le sale al paso alguna vez lo maravilloso, ese elemento de vida que los antiguos representaban por apariciones de ángeles, dioses y genios? En nuestra edad lo maravilloso existe lo mismo que en las pasadas, sólo que los ángeles han variado de nombre y figura, y no entran nunca por el agujero de la llave. Lo extraordinario que a mis queridos amigos sorprendió en su soledad, fue una carta de Agustín Caballero. Uno y otro creyeron que el propio fantasma del generoso indiano se les ponía delante. Expresándose en plural, les decía que habían tomado una casa en Arcachón, y sabedores de que a Bringas y a los niños les convenía respirar aires frescos y salinos, les invitaban a pasar un mes allá. El ofrecimiento era tan cordial como explícito. La casa era muy grande, con jardín y mil comodidades. Los señores de Bringas serían hospedados a lo grande y tratados a cuerpo de rey, sin que tuvieran que hacer gasto de ninguna clase. «Amparo y yo-decía la carta en conclusión-, nos alegraremos mucho de que aceptéis».

El primer impulso de Rosalía fue de odio y despecho. ¡Atreverse a invitar a una familia honrada.! «Eso es para darse lustre alternando con nosotros. Eso es para poder pasar por personas decentes, presentándose en nuestra compañía. En una palabra, quieren que seamos el pabellón honrado que cubra la mercancía de contrabando. ¿No te da ira? Porque esto es una injuria».

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