Explore "La de Bringas" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuánto nos alegramos de aquel encuentro, no hay para qué decirlo. Ella, por el contrario, pareciome sorprendida desagradablemente, coma persona que no quiere ser vista en lugares impropios de su jerarquía. Sus primeras palabras, dichas a tropezones y entremezcladas con las fórmulas del saludo, confirmaron aquel mi modo de pensar.
«No les ruego que pasen, porque esta no es mi casa. Me he instalado aquí provisionalmente, mientras se arregla la habitación de abajo donde estaba la generala. Es esto un horror, una cosa atroz. Su Majestad se empeñó en que había de aposentarme en Palacio y no he podido negarme a ello. «Candidita, no puedo vivir lejos de ti. Candidita, vente conmigo. Candidita, dispón de todo lo que esté desocupado arriba.» Nada, nada, pues a Palacio. Meto mis muebles en siete carros de mudanza, y me encuentro con que el cuarto de la generala está lleno de albañiles. ¡Es un horror!. se cae un tabique. el estuco perdido. los baldosines teclean bajo los pies. En fin, que tengo que meter mis queridos trastos en este aposento, bastante grande, sí, pero incapaz para mí. Verían ustedes las dos tablas de Rafael tiradas por el suelo, revueltas con la vajilla; el gran lienzo de Tristán contra la pared; las porcelanas metidas en paja todavía; las mesas patas arriba; las lámparas y los biombos y otras muchas cosas en desorden, esperando sitio, todo hecho una atrocidad, un horror. Créanlo, estoy nerviosa.