Explore "Las Tormentas del 48" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
31 de Abril.- La carta que anoche agregué a mis Confesiones removió en mi conciencia la turbación que en ella mora, unas veces adormilada, otras en profundo sueño. Pero los afanes de cada día, que en la mundana corriente van creciendo y encrespándose como un oleaje furioso, han ahogado aquel sentimiento trayéndome a inquietudes inmediatas y más positivas. Parte del día he pasado en la casa de Antonia disponiendo sustituir lo más indispensable del ajuar robado por Sotero, y en ello se me fue todo lo que no hace mucho me entregó con enorme usura el prestamista. ¡Aciaga tarde la de hoy, en la cual he llegado a creer razonables los delirios de la cordonera, pues no habría para mí mejor solución que abrazar la vida de ermitaño, con ermitaña o sin ella, en un solitario y agreste yermo, comiendo raíces y vistiéndome de lampazos! Cuando vio la enferma que la casa se iba reparando de su desnudez, empezó a curarse de la manía del salvajismo, y aunque siempre tiraba al monte, no lo hacía con tanta vehemencia. A sus parientes míseros, que acudieron maldiciendo su suerte y bendiciendo mi caridad, tuve que socorrer hasta quedarme sin un maravedí. Por la calle Mayor adelante, pensaba yo que no poseía en aquel momento más peculio que el dobloncito de mi madre, aún no recogido del ordinario, y antes que se me olvidara fui al parador, donde puntualmente me entregaron moneda y chorizos, todo lo cual llevé a mi casa con gran respeto, como si llevara el Viático, y después de partir con religiosa equidad entre las dos familias los embutidos, miré y acaricié y escondí mi doblón bajo llave, precaviendo de este modo la probable ignominia de ponerlo a una carta.
1.º de Mayo.- Con endiablado afán de probar suerte, por irresistible instinto de mejora, me pasé la noche dando tremendos estirones a las orejas de Jorge, mas con tan loco desacierto en cuanto apuntaba, que ni un instante me sonrió la fortuna. La terrible deidad me asestaba golpe tras golpe, como si fuese yo un excomulgado de la diabólica secta que tiene por biblia los naipes malditos. Concluí en el mayor desastre, debiendo a mis amigos sumas que mi abrasada mente imaginaba fabulosas.