Las Tormentas del 48 by Benito Pérez Galdós

Explore "Las Tormentas del 48" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

6 de Junio.- Al reanudar hoy el cuento de mi vida, veo que la confesión última, con la cual debo empalmar la presente, es irrespetuosa y depresiva para mi futura compañera. Pero, atento a que la sinceridad resplandezca siempre en cuanto escribo, no borraré aquellos conceptos, impresión fiel de lo que entonces pensaba y sentía. Distintas son hoy mis impresiones, y puedo manifestar que en estos días no me ha parecido mi novia tan desgraciada de figura como la describí en otra ocasión. Sea porque le han puesto algún milagroso corsé, sea porque la naturaleza, por influjo de amor, tiende a enmendar sus propias imperfecciones, ello es que, viendo ayer a María Ignacia, antojóseme regularmente formada, y casi casi un poquito esbelta; y aún me dan tentaciones de creer que se le va corrigiendo la fealdad de la boca, o que se le reduce a un simple defecto que fácilmente se disimula con la seriedad: no veo yo que sea la risa el mejor adorno del rostro humano, y antes bien entiendo que la mujer casada no tiene por qué enseñar los dientes.

Pues la causa de que la última confesión quedase interrumpida fue que entraron como avalancha mis dos cuñadas, y Segismunda se precipitó a mí para abrazarme, diciendo que quedaban olvidadas nuestras querellas y que volvíamos a la cariñosa concordia entre hermanos, como mandan Dios, la Sociedad, la familia, y no sé quién más. A poco llegó Agustín, contándonos el buen acogimiento que habían dado los Emparanes a su mensaje matrimonial. La escena fue conmovedora: el regocijo bailaba en los ojos de D. Feliciano y de las señoras maduras. María Ignacia, cuando entendió que yo la pedía, estuvo si cae o no cae con el accidente. "En fin - dijo a su esposa -, para el domingo estamos todos convidados a comer. todos, y tú también, Segismunda. la familia en masa. No faltaremos. ¡Y qué casa, qué lujo, qué señorío a la antigua usanza! Vengo encantado.". Como un pavo cuando endereza el moco y se hincha rastreando las alas, salió Agustín hacia su habitación, y en apostura semejante, inflada como un globo, le siguió Sofía, dejándome solo con Segismunda (cosa convenida entre las dos), que al punto me dijo: "Ya puedes disponer, querido Pepe, de cuanto dinero necesites para quitarte esa roña indecente de tus deudas. Si quieres evitarte la molestia de tratar con esos tíos marrulleros, mándales a casa, y Gregorio se encargará de despacharles, recogiendo todo tu papelorio. De buena has escapado, hijo. Ya ves cómo tenía yo razón cuando te decía que ibas al abismo. Felizmente has hecho caso de mis consejos, y ya estás salvo.

Reading navigation