La Campaña del Maestrazgo by Benito Pérez Galdós

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Metieron a D. Beltrán en una casona llamada Corte que hace esquina con el Ayuntamiento, gótica, de ojivales porches al exterior, interiormente muy capaz, con ventanas pequeñas, las puertas no muy holgadas. Allí se alojaban oficiales de distintas graduaciones. Al pasar por un gran aposento abovedado, donde había gran chimenea encendida con troncos de encina, a cuyo calorcillo se arrimaban ateridos todos los que entraban de la calle, vio D. Beltrán, agrupados en torno a una mesa, a varios oficiales y urbanos de tropa que se engolfaban en el juego, atentos con alma y vida a las manos del banquero y a las cartas que lentamente pasaba. Fuéronsele a Urdaneta los ojos hacia la timba, y subió con ánimo de volver luego, pues vio también que cubrían de manteles las mesas, como si aquella pieza fuese comedor. El cuarto en que le pusieron, juntamente con las militaras, no tenía camas; cada cual se arreglaría con las mantas, alforjas o sacos que llevase. Seis personas debían repartirse el suelo, que venía como a la medida, sin que sobrase ni una cuarta.

El cenar fue más difícil operación; y si no se plantan Saloma y la capitana en la cocina, no les tocara nada de las judías y gachas, que era lo único que había, con pan moreno y algunas raciones de cecina.

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