Explore "La Campaña del Maestrazgo" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ya por despistar a los cristinos, ya por otras razones o ardides estratégicos, determinó Cabrera fortificar a Utiel, y lo primero en que puso mano fue el Convento o Colegio de Escolapios y la iglesia parroquial, gótica, de buena y sólida fábrica. Para despejar las inmediaciones del primero de aquellos edificios, mandó demoler varias casas y cortar todos los árboles de una alameda que al camino salía.
Empleáronse en tales obras noche y día multitud de hombres, y no hay que decir que el Señor de Albalate y los dos ancianos fueron aplicados a este trabajo. Vierais allí al primer noble de Aragón descargando hachazos en los añejos troncos. Por primera vez en su vida era leñador, oficio que le pareció menos innoble que el de sepulturero y limpiabotas. El sargento que les mandaba y dirigía era por demás insolente y grosero, de estos que se envalentonan con los humildes. Grande era la resignación de Urdaneta, que se había propuesto tomar por modelo al patriarca Job; mas hubo ocasiones en que se vio a dos dedos de perder su pasiva actitud, por la fuerza explosiva de la dignidad aristocrática, que romper quería sus cadenas, atropellando paciencia, humildad y cristianismo. Viendo que aquel bruto abofeteaba inhumanamente a dos infelices que no habían entendido sus órdenes, o que por exceso de fatiga se mostraban perezosos, sintió el prócer vibración en todo su ser, efecto de la honda crisis o lucha de opuestos sentimientos, y se dijo: «Haré un esfuerzo sobrehumano por contenerme si ese gandul pone sus manos en mi cara; pero dudo que pueda conseguirlo, pues antes de que el corazón se humille, el estallido de mi dignidad hará que le parta la cabeza de un hachazo».