Explore "La Campaña del Maestrazgo" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con sutil ingenio trató de hacerle ver D. Beltrán lo disparatado de aquel conceptismo, dando su verdadero valor a las ideas de libertad y muerte, harto graves ambas para ser tratadas en estilo de madrigal, y en estas y otras charlas llegó la hora de partida, dispuesta repentinamente por Cabrera cuando con más descuido saboreaban todos el descanso después de tantas fatigas. ¡En marcha! ¡A correr, a combatir! ¿A dónde iban? Cabrera no acostumbraba decirlo, y marchando al frente de sus tropas les señalaba el camino. Agregose D. Beltrán en un caballejo que le proporcionó su amigo Putxet, y entre este, que hablaba por los codos, y Santapau, que parecía privado del don de la palabra, emprendió la caminata por un sendero ingrato y polvoroso. Y por Dios, que ya se cansaba el buen señor de tanto ajetreo; sus huesos le pedían descanso; quizás en el nuevo estilo de Nelet, le decían: «Libertad, muerte».
Gracias a su vigorosa fibra, a su carácter jovial y un tanto aventurero, podía resistir los molimientos y privaciones inherentes a la vida militar; y cuando el cansancio físico parecía irresistible, su imaginación, reverdecida en lo juvenil, le deparaba algún nuevo estímulo para proseguir en la carrera. Por dicha suya, o por desgracia, que esto es dudoso, ante su vejez declinante no se cerraban nunca los horizontes.