Explore "La Incógnita" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pues decía que este Calderón te encaja las papas más gordas que da la fantasía humana, y se queda tan fresco. Lo mejor es que no miente a sabiendas, porque se cree a pie juntillas cuanto dice. Yo me río con él lo que no puedes figurarte. El otro día me porfiaba que un misterioso industrial de Madrid ha establecido, bajo el patrocinio secreto de altos personajes, el más extraño negocio que se puede imaginar. ¿A que no lo aciertas? Pues el negocio consiste en hacer el matute en gran escala por medio de los carros fúnebres, de unos cuantos hombres vestidos de cura, y de unas mujeronas disfrazadas de hermanas de la Caridad. Daba tales pormenores, que parecía estar en el ajo y ser de la partida. Te advierto que en todas las extravagancias que te cuenta Calderón, hay siempre alto personaje: esto no puede faltar.
Tía de este tipo y también de Augusta, por parte de madre, es doña Serafina Calderón, señora respetable, muy querida de toda la familia, y especialmente del matrimonio Orozco. De noche nunca la vi en la casa, y hace un mes que no va tampoco de día, porque padece gravísima afección al pecho, y dicen que se morirá pronto. Desde que Augusta ha dado en pasar las tardes junto a su tía enferma, me siento muy solo en el Retiro y Castellana, y elevo una humilde oración al Altísimo para que la señora se ponga buena, o al menos se alivie. Pero el Altísimo no me hace maldito caso, y mi prima no pasea.