Amadeo I by Benito Pérez Galdós — Read

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Sí; tan ligera, que la conocí antes de media noche en el escenario, y a la madrugada estábamos ya casados requetecivilmente. No debería yo contar estas cosas; pero allá van para descargar mi conciencia, mostrando a mis lectores la locura de aquellos años juveniles. Confieso mis pecados con la mira saludable de que en ellos se vea la procedencia de mis fieros quebrantos y desdichas, y de ello tome ejemplo la juventud para que se aparte de los caminos que no conducen a la moral. Pues, señor, llevaba yo media semana en las alegrías de príncipe consorte, cuando una tarde me encontré en la Plaza de Matute con aquella Lucrecia de quien ya hice mención, bonita y vaporosa rubia bermeja amiga de Felipa., la que conocí asociada a un jugador de oficio que llevaba la pechera y los dedos cuajados de brillantes. Al jugador le había salido la mala, y se lo llevaron los demonios. Lucrecia se me presentó desolada. La compadecí, le prodigué los consuelos que mi alma generosa me sugería, y por último, observando que su pena no tenía más alivio que el contármela a mí, decidime a protegerla; hablamos, nos entendimos, y punto concluido.

Mi doble juego de amor fue descubierto a los pocos días por las dos apasionadas hembras, a quienes yo engañaba y entretenía con toda clase de sutilezas o equilibrios. El resultado fue que estalló el conflicto una mañana. Encontrándose en la calle de Santa Isabel se acometieron, se arañaron, se dijeron cuanto dos bravas mujeres pueden decirse en caso tal, y se arrancaron recíprocamente mechones de sus respectivas cabelleras, negra la una, rojiza la otra. El culpable de aquella mujeril trifulca, que los periódicos narraron como un caso de risa y festejo, fue el bendito chiflado don José Ido, a quien entregué dos cartas, una para cada cual, y el desventurado filósofo las trabucó y. Ya comprendéis lo demás. Cuando enterado de la zaragata increpé al mensajero por su descuido, me respondió con fría y angelical serenidad: "Francamente, naturalmente, yo pensé, señor don Tito, que usted, en vez de regañarme, me agradecería la equivocación, porque así, enzarzadas la una con la otra, se ve usted libre de las dos, y quedará en franquía para mejor arreglo con una sola".

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