Explore "Amadeo I" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Me entretenían lo indecible las conversaciones con el amable cura, tipo singular del más violento hibridismo que puede ofrecernos la naturaleza humana. Sólo España, fecunda en ingenios, en héroes, en santos y en monstruos, nos da estos engendros de la razón y la sinrazón, de la fe mística y el orgullo marcial fundidos dentro de un alma. Y debo añadir que el bravo veterano Choribiqueta era en su vejez un venerable padre de almas, que cumplía sus deberes escrupulosamente y ejercía la caridad con verdadera efusión cristiana.
Tanto como me agradaba la épica historia del clérigo y su franco carácter, picante mixtura de lo divino y lo humano, me entristecía la sociedad de mi casa, donde se oía tan sólo el áspero zumbido de los ojalateros, y el comentar de verídicos o fantásticos incidentes de una guerra lejana. Iban y venían emisarios, llevando masas de juventud y trayendo noticias de las gestas de Navarra. También se hablaba de política o sucesos de Madrid, afeándolos con groseras burlas. Había caído el Gobierno de Sagasta, por la porquería de dos millones que el Sagasta y un tal Romero habían sustraído de la caja del Tesoro público para llevárselos a sus propias cajas. Decíase que si los gastaron en elecciones; que en Madrid, el dinero es el mejor cebo para pescar votos; que si los gastaron en comilonas y regalos a señoras guapas, cosa en Madrid corriente por ser pueblo de continuos festejos y cuchipandas.