Explore "Amadeo I" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lo primero que le cuento al lector amable y antojadizo es que nuestro buen Rey saboyano desdeñaba los riquísimos tabacos habanos de regalía, de que había grande acopio en la Casa Real. El mismo desaire que sus amigos hicieron a las abrasadoras guindas de Turín hizo él al tabaco generoso y suave de la Vuelta Abajo. Por hábito y gusto fumaba el hombre los apestosos cigarros que en Italia llaman Virginia, consistentes en un luengo y nefando cachirulo que lleva en su ánima una paja, sin la cual no hay quijadas que los hagan arder. Amable y guasón, a sus amigos ofrecía las cajas de habanos diciéndoles: Fumen eso; yo Virginia. Para evitar el continuo encender de fósforos, que sin fuego constante no hacía tiro la pajilla, Su Majestad tenía en una mesita cercana una vela encendida, y a la llama de esta aplicaba el chicote.
Junto al Rey estaba el Barón de Benifayó, Montero Mayor de Palacio, alto, moreno, expresivo, de arqueadas cejas, lentes de oro. Como hablaba de corrido y limpiamente el italiano, con él descansaba don Amadeo del suplicio del idioma español, que en dos años no había podido dominar. A la vera de don Amadeo vi otros señores, que no pude identificar por mi desconocimiento del personal palatino.