Los Ayacuchos by Benito Pérez Galdós — Read

Explore "Los Ayacuchos" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Octubre 13.

Ilustre señor: A lo dicho anteriormente acerca del abortado crimen de lesa majestad y de lesa Patria, debo añadir que días antes del ataque a Palacio llegó a las narices del Gobierno el olorcillo de la conjuración, y la policía no cesaba de olfatear el rastro de los caballeros del orden, que escondidos unos en misteriosas casas, disfrazados otros en la calle, daban los pasos y ponían los puntos para coordinar su infamia. La policía, por cuya fidelidad no pongo mi mano en el fuego, no descubrió el lugar donde esos tunantes se reunían: cambiaban de escondrijo cada noche, amparados quizás de los mismos esbirros, a quienes no creo incapaces de dejarse deslumbrar por los ojos de buey, vulgo onzas, del tesoro cristino. Después del desastre se ha sabido que anduvieron en el ajo Andrés Borrego, hoy enemigo de la Libertad, y dos caballeros de mi tierra, Istúriz y Benavides, fanáticos por la llamada Reina madre. A tientas, adivinando la conspiración antes que conociéndola, andaba en aquellos días el Gobierno, y en su perplejidad acertó en una de las medidas tomadas el 7 por la mañana. Separada toda la oficialidad del primero de la Guardia, y ascendidos a oficiales los sargentos, cuando los del orden se presentan en el cuartel para sacar a la tropa les reciben a tiros. He aquí el primer contratiempo de los ternes de Doña María, principio de su desconcierto y de las tonterías que hicieron en la noche que yo llamo de San Marcos. El jefe del movimiento debía ser León. Habían concertado que aquí se diese el grito y que secundasen en las provincias O'Donnell, Borso, Piquero y Urbistondo. Anticípanse los de allá; los de aquí dudan, no se determinan; les falta la Guardia; ciego se lanza Concha a Palacio; León tiene celos, creyendo que el otro gachó se le quiere poner por delante y obscurecerle; corriendo mil peligros, y cuando tropa y milicianos están ya sobre las armas, montan a caballo León y Pezuela y se plantan en Palacio, sabiendo que van a una muerte segura. Aquí de loscrúos.

Reading navigation