Explore "Los Ayacuchos" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Antes que ella me serené yo, y díjele lo que me parecía su plan: admirable como abstracción; oscuro en la práctica, como todo problema en que se cuenta con un factor desconocido. De la grandeza de alma de Demetria y de su poderosa iniciativa, no había duda; también podía contarse con mi leal colaboración para dar realidad a sus altos pensamientos; pero ¿qué adelantábamos si Santiago Ibero no parecía, o si, pareciendo, no quería de ningún modo prestarse a la combinación? ¿En qué se fundaba ella para creer que la huida delángel negro no fuera irrevocable? ¿Estaba segura de que no había contraído nuevos compromisos, de que otros, más madrugadores, no le habían echado ya lazos imposibles de romper.? A estas dudas mías contestó de este modo la celestial mujer:
«Dios me dice que Santiago Ibero no está tan perdido como creemos. Es una idea que hace tiempo se me ha fijado aquí, y no hay manera de que yo la deseche. Y cuando las ideas se me clavan a mí en el pensamiento con tanta tenacidad, es que no son absurdas, Fernando. Todo lo que se ha metido en mi caletre con esa fijeza, ha resultado verdad. Yo di en creer un día y otro, y año tras año, que tú vendrías a mí, y has venido. Pues lo mismo pienso de Santiago; sólo que ése no vendrá por su pie: tiene que traerlo a cuestas o a rastras un hombre de firme voluntad.