Explore "La Revolución de Julio" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Diciembre de 1853.- He comprendido que mi mujer, en quien cada día reconozco más claras dotes de profetisa y adivinadora, me señala la verdadera fuente de la histórica filosofía, y su talento admirable arroja mayor brillo cuando me dice: «En los actos más insignificantes encontrarás el filón de pensamientos que buscas». A los pocos días de la conversación relatada en mi anterior confidencia, salimos de compras.
Algo necesitábamos para nuestra casa; pero íbamos acompañando a Valeria, que aún no había completado el ajuar de la suya, y nos llevaba de asesores inteligentes. En muebles importados de Francia vimos maravillas. De algún tiempo acá se han establecido en Madrid no pocos marchantes que nos traen las formas gallardas y cómodas de la ebanistería y tapicería francesas. ¿Qué sillones y qué sofás de blando asiento! Los huesos duros del español de raza, hechos a toda incomodidad y dureza, caen en ellos embelesados y no saben levantarse. Todavía tenemos espíritus ascéticos que se escandalizan de esta blandura y la llaman ¡sibaritismo!. Pues en muebles de puro adorno hay preciosidades que quitan el sentido a las señoras de buen gusto y de aficiones suntuarias. Los veladores maqueados, las sillas del mismo estilo, hacen el agosto de estos buenos mercaderes, en quienes advierto, con grande asombro, que se han asimilado la relamida finura francesa para enseñar el artículo, regatearlo, venderlo y cobrar su importe, si es que lo cobran. En juegos de habitaciones completas, comedores de nogal tallado, alcobas de palo santo, salas y gabinetes, vi gran variedad, a precios razonables, al alcance de los que tienen poco dinero y aun de los que no tienen ninguno.