La Revolución de Julio by Benito Pérez Galdós

Explore "La Revolución de Julio" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Mi mujer y yo señalamos para la mañana del siguiente día la captura y examen del hojalatero; pero el oficioso polizonte, desviviéndose por servirme, nos trajo el chico aquella misma noche. Le cazó en la calle del Desengaño cuando salía con un recado de arandelas de latón para la Cofradía de la Leche y Buen Parto, y después de acompañarle hasta dejar las piezas en San Luis, le condujo a nuestra casa, en calidad de preso, sin darle más explicaciones que la oferta de una paliza si alborotaba por el camino. Llegó a nuestra presencia consternado el pobre rapaz, y lo menos que pensaba y temía era que le íbamos a condenar a cadena perpetua. A mi mujer y a mí nos dio lástima de verle tan compungido y lloroso, como un reo que se dispone a confesar sus tremendos crímenes, entregándose a la compasión y a la indulgencia de sus jueces. Trabajo nos costó apartarle de los ojos los puños, y hacerle comprender que no le haríamos ningún daño.

- Ya sé que te llamas Rodrigo Ansúrez - le dije -, y que eres buen aprendiz de hojalatería. Tu padre se llama Jerónimo. Mírame bien, y di si recuerdas haberme visto en alguna parte. Sus ojos empañados del llanto se fijaron en mí; mas no revelaron que me conociera. Cuando en el castillo de Atienza vi a la familia celtíbera, la rama más pequeña de aquel frondoso árbol humano era el niño a quien Miedes llamaba Ruy, buscando el son arcaico de los nombres. Hoy representa unos catorce años, y en su persona resplandece la hermosura y gallardía de aquella selecta casta de españoles. Yo no me cansaba de mirar en el rostro de él la impresión del de su hermana; impresión borrosa y triste, como la del rostro de Jesús que los cristianos vemos en el paño de la Verónica.

Reading navigation