Explore "Los Apostólicos" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
El día era de los mejores que suele tener Madrid en invierno, con cielo limpio y espléndido sol. Los madrileños, que por su índole castiza, no necesitaban entonces ni ahora de grandes atractivos para echarse en tropel a la calle, invadieron aquel día la carrera de las procesiones regias que va desde Atocha a Palacio, vía ciertamente histórica y muy interesante, por la cual han pasado tantos monarcas felices o desgraciados, y no pocos ídolos populares. Si fuera posible reproducir la serie de comitivas diversas que han recorrido ese camino del entusiasmo desde la primera entrada de Fernando VII en Mayo de 1808, tendríamos una galería curiosa en la cual muy pocas pinceladas tendría que añadir la historia para hacer el cuadro completo de las sucesivas idolatrías españolas. El quemar de los ídolos, cuando estamos cansados de adorarlos, se verifica en otra parte.
Estas grandiosas comparsas tienen una monotonía que desespera; pero el pueblo no se cansa de ver los mismos lacayos con las mismas pelucas, los mismos penachos en la frente de los mismos caballos, y el inacabable desfilar de uniformes abigarrados, de coches enormes más ricos que elegantes, de generales en número infinito, y el trompeteo, la bulla, el oscilar mareante de plumachos mil, el fulgor de bayonetas, y por último el revoloteo de palomitas y de hojas de papel conteniendo los peores sonetos y madrigales que pueden imaginarse.