Explore "España Trágica" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Oída esta barbaridad, se levantó Vicente enojado y nervioso, diciendo: «Basta, Segismundo; hasta aquí llegaron las paradojas, las bromas o epigramas picarescos. Vámonos de aquí».
Dio algunos pasos, pisando cascos de loza y vidrio, cortezas de naranja y cáscaras de piñones, mezcladas con el polvo y con escoria de fraguas. Tras él fue el amigo parafraseando sus últimas palabras: «Oye, Vicente; aguarda. ¿No somos literarios? ¿No tienes tú, como yo, atiborrado el cerebro de bellezas históricas y poemáticas? ¿No somos estéticos o amantes de lo bello? ¿Pues quién más hermoso que Julio César, envolviéndose en la toga, cuando cae traspasado por la espada de Bruto?. Yo, bien lo sabes, soy incapaz de matar un mosquito, y al decir que Prim morirá, no hago más que reproducir el latido trágico de esta epopeya que viene, que avanza. Sus pisadas hacen temblar la tierra. Prim es el tirano; Prim quiere traernos esta pamplina del Rey constitucional, que reina y no gobierna; del Rey pantalla, tras el cual seguirá él gobernando y haciendo su voluntad. Esta traída de un italiano es como petardo puesto en el corazón del pueblo, que no conoce de Italia más que a los infelices saboyanos que vienen acá con arpas y organillos. Fíjate. toda la gente brava de estos barrios está que trina; no hablan más que de traición, de venta de España, y cada techo alberga un ciudadano que si no tiene trabuco, lo compra.