Vergara by Benito Pérez Galdós

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Muy a gusto se agregó el caballero al ejército de León, y no poco orgullo sentía de hallarse tan cerca del héroe, cuyas fabulosas hazañas parecíanle dignas de un Romancero. El creciente influjo político del de Luchana impuso el nombramiento de Alaix para Ministro de la Guerra, no obstante su reciente descalabro; y vacante el virreinato de Navarra, fue designado León para este puesto, que tan bien ganado tenía. Siguiole Fernando a Pamplona, donde hizo nuevas amistades, muy gratas: Manuel de la Concha, ya coronel, hermano de Pepe, y que si en la gallarda figura se le asemejaba, no así en el carácter, que era vivísimo, tirando a violento, poseído de la pasión militar en sumo grado, y del anhelo de saber mucho y de practicar lo que aprendía; Domingo Dulce, distinguidísimo oficial de caballería, muy intrépido; Federico Roncali y otros. Con ellos pasó buenos ratos en los ocios de Pamplona, que no fueron largos, porque León, nunca harto de combatir ni saciado de gloria, salió en busca del enemigo con ansias dementes. Era un hombre febril, hercúleo, que empezaba en un inmenso corazón y acababa en una lanza. Se le podrían aplicar los cuatro enérgicos calificativos de Aquiles: impiger, iracundus, inexorabilis, acer.

Encaminose el héroe a Tafalla, buscando camorra a los carlistas. No era de estos que aguardan las ocasiones más favorables para trabar batalla. Según él todas las ocasiones eran buenas. Provisto de víveres para tres días, se lanzó por aquellos campos, como andante caballero, en busca de lo que saliere, y en Obanos, Legarda y Muruzábal encontró carne enemiga en que cebar las picas poderosas de sus terribles lanceros. Admiraba Calpena su gallardía, su varonil rostro, en que relampagueaban los grandes ojos calenturientos. Los bigotes rizosos del General eran los mayores y más bellos que en aquel tiempo se conocían.

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