Read "Vergara" by Benito Pérez Galdós online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
De su arrobamiento le sacó el amigo Echaide, y salieron arreando para Peñacerrada. Llevaban, en sentido contrario, el mismo camino que había recorrido con las niñas en el éxodo de Oñate. ¡Cómo recordaba su travesía en el carro, y las escenas de Salvatierra, el encuentro con Serrano, la batalla con el Jabalí, la herida, y por fin Aránzazu con sus habitaciones de mendigos y el humilde sepelio del pobre D. Alonso! La vieja historia se le presentaba página por pagina, como un libro repasado al revés.
En Aránzazu les cogió la Noche Buena, y allí la celebraron entre amigos, que de Echaide lo eran algunos de los leñadores en las ruinas aposentados. Pudo enterarse Calpena del bienestar que todos debían a las generosas niñas, y aunque algo habló de esto con sus huéspedes, no quiso darse a conocer ni repetir la triste historia. Cenaron y bebieron alegremente arrieros y leñadores, y Santo Barato, hombre sin semejante para toda fiesta y bullanga, cantó villancicos en castellano y en vascuence, y bailó la jota y el aurresku con mozos y mozas de Aránzazu, en medio de grande algazara. Aun en aquellas alturas apartadas del trajín social se oía el resoplido de la profunda revolución de la Causa, signo indudable del cansancio del País, y de las ganas que tenía de sacudirse tanto parásito militar, frailesco y político.