Explore "Prim" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con cháchara gruesa y mugidos desfilaban los bárbaros hacia las cuadras en que tenían sus jergones. Milmarcos echó el brazo por los hombros a Iberito, y cariñoso le dijo: «¡Valiente!. Así me gustan a mí los hombres. Y que es de familia principal, se le conoce por la ropa y por el habla fina. ¿Va usted, aunque sea mala pregunta, a Madrid? ¿Y cómo va tan solo?». Respondió el chico que iba a Madrid de paso para Cádiz, donde se embarcaría para América. Y Milmarcos siguió: «¿Ha oído usted hablar de un pueblo que se llama Tor del Rábano? Pues es mi pueblo; en él nací y en él vivo descansado, con el real diario de mi pensión y otro par de reales que saco de mi trabajo. He traído una carguita de sal de Imón. Con lo que saqué de la sal he comprado dos bacaladas que me encargó el cura y otros encarguillos. Tor del Rábano es camino de Madrid, y si se viene conmigo, le llevaré en mi burra, que es poderosa y de buen paso. Le brindo mi burra porque me ha entrado usted por el ojo derecho con su valentía. Seis leguas tenemos por delante. Si se determina, esté listo para las seis de la mañana».
No se hizo de rogar Iberito, y a la hora indicada salió de Almazán con Milmarcos, gozoso de ir en la honrosa compañía de uno de los de Prim. Le instaba el sargento a subirse en la burra; pero a esto no accedió Ibero: su delicadeza le vedaba montar, llevando de espolique al que por héroe y por inválido merecía todos los respetos. Lo más que pudo conseguir Milmarcos con sus redobladas instancias, fue que el joven subiese a la albarda breves ratos, sólo por probar la buena andadura de la bestia. Platicando agradablemente fueron por todo el camino.