Explore "Prim" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pronto aprendió, con o sin ayuda del amigo, a conocer las calles, y a meterse y sacarse por todas ellas buscando sorpresas y perdiéndose entre la muchedumbre. Gustaba de ir por las mañanas al relevo de la guardia en Palacio, y se extasiaba viendo aquel maniobrar ordenado de las tres armas, que en sus movimientos eran como el índice o catálogo de las energías militares. Las demás horas del día las empleaba en recorrer estos o los otros barrios: ya se espaciaba por Buenavista, ya por la Inclusa y Latina. La calle de Toledo, así como el Rastro y Embajadores, le entretenían singularmente, y no se cansaba de contemplar el ir y venir afanoso de la gente humilde, la muchedumbre de mujeres fecundas, los chiquillos de diferentes edades que de aquella fecundidad eran muestra y testimonio, los hombres peor comidos que bebidos, y que en diferentes industrias y oficios luchaban por el pan. Era el pueblo, que con su miseria, sus disputas, sus dichos picantes, hacía la historia que no se escribe, como no sea por los poetas, pintores y saineteros.
Divagando siempre, vio más de una vez a la Familia Real de paseo.