Explore "Prim" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entró el de Reus en Portugal con sus fieles húsares y los amigos que le seguían. Poco tiempo permaneció en Lisboa; partió a Inglaterra, de Londres a París, apretándole a ello la precisión de ponerse al habla con sus activos colaboradores para tramar sin demora el alzamiento decisivo. Un nuevo plan de arreglo propuesto por Palacio interrumpió estos manejos; pero frustrada la componenda (un ministerio Lersundi formado a gusto de Prim), siguió la socava tenebrosa minando las capas más firmes del terreno social. En Abril se consiguió en Madrid arrastrar a la conjuración a los sargentos de Artillería; en Mayo, las guarniciones de Valladolid, Vitoria y San Sebastián quedaron cogidas; en Junio se pudo dar al esquema revolucionario algún viso de organización. Ejecutores de este programa en provincias y en la Corte eran Pierrad, Pasarón, Lagunero, Escalante, don Martín Rosales y otros nombrados jefes. Nunca se habían acumulado tantos elementos; nunca la cautela había conseguido evitar tan bien la repetición de los errores que fueron génesis del aborto en anteriores tentativas. El secreto con que laboraban los fieles adeptos no salía de las catacumbas.
De esto tenía pruebas Teresa Villaescusa, que ávida de conocer la interna trama, preguntaba solapadamente a cuantas personas podían a su parecer darle alguna luz. Aquel mocetón que en casa de Chaves le dio las únicas noticias que de Ibero pudo obtener, se le apareció una tarde vestido de sargento cuando Teresa iba de su casa, calle de las Rejas, a la de su madre, en la de San Ignacio. Con finura la saludó el militar, preguntándole por su salud, y ella, con más curiosidad que cortesanía, le soltó esta descarada observación capciosa: «Ya sé que está usted comprometido. ¡Bien por los sargentos de Artillería! Y me han dicho que algún oficialito también.». Poniéndose colorado, dijo el sargento con cierto énfasis que nada sabía; que su Cuerpo no se metía en fregados de revolución; que él se cuidaba tan sólo de cumplir su deber, y que no variaría de conducta por todo el Universo.