Explore "España Sin Rey" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mediano rato tardó Marciana en llegar jadeante al lugar de la tragedia. Sus ojos dudaban de lo que veían. Pasado el estupor primero y sin aliviarse de su espanto, comprendió la gravedad del hecho y asió el brazo de Fernanda para llevársela. La infortunada joven, que parecía privada de voluntad, se dejó llevar largo trecho; pero de improviso, como herida de recuerdo punzante, desprendiose de la mano de su escudera. y apretó a correr en querencia del lugar trágico, pero sin dirigirse a él en línea recta. Describió extensa curva con el ligero y brincante paso de gacela, y al llegar cerca, como a seis pasos, del cadáver de Céfora, se arrodilló ante él y permaneció en contemplación muda. En tanto Marciana, medio loca de consternación, iba y venía de una parte a otra, las manos en la cabeza, sin saber qué resolución tomar.
Cerca de aquel desolado sitio, casi tocando la tapia de las Brígidas, había un tejar, charcas pobladas de ranas, que a ratos rompían el silencio nocturno con su crotorante canticio; más allá una casucha que habitaba la viuda de un tejero. Allí vio luz Marciana, allí acudió. La viuda y un hijo suyo, mocetón hercúleo, que habían oído las alteradas voces, le salieron al encuentro. Relató la escudera el suceso como una riña sin consecuencias graves, y despachó al mozo con un recado para el guardia civil Antonio Castro, marido de ella, que estaba de servicio en el camino de Ali. Hecho esto, volvió en busca de su señorita, a quien encontró, no de hinojos, sino sentada en una piedra, los codos en las rodillas, el rostro sostenido en las palmas de las manos. Sentose a su lado Marciana, poseída de intensa emoción religiosa ante la mujer muerta; los suspiros de ella se concertaban, como fúnebre rezo, con los gemidos que de vez en cuando exhalaba la otra. Pasado algún tiempo, Fernanda alzó el rostro y dejó caer de sus labios estas lentas palabras: «Mírala. tan joven, y ya muerta.».