Explore "Narváez" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es Salado un trucha de primera, si falto de autoridad y luces para el gobierno de la ínsula concejil, sobrado de marrulleras habilidades para los enredos de campanario y los empeños de su egoísmo. Servicial y deferente con los poderosos y con todo el que ayudarle pueda en su privanza política, guarda sus rigores de ley y sus asperezas de carácter para los humildes sometidos a su vara, por una punta más dura que roble, blanda por otra como junco. Nada teme de los de abajo, infeliz rebaño de hombres sencillos, más embrutecidos por la miseria que por la ignorancia, los cuales bajo el falso colorín de una Constitución que proclama y ordena franquicias mentirosas, gimen en efectiva esclavitud.
Nada teme tampoco de los de arriba, con tal que en la votada saque el candidato que se le designó, y se constituya después en agente o truchimán del diputado, del jefe político y del ministro, cualesquiera que sean los caprichos contra la ley o antojos contra la justicia que inspiren los mandatos de estas insolentes voluntades. Fuera de las infamias propias del oficio, que pocos ven, porque los que trabajan y sufren están ciegos, insensibles, y los que tienen luces y algún dinero huyen de los pueblos para refugiarse en Madrid, donde lo espacioso de la jaula garantiza relativamente la libertad y la dignidad cívica; fuera de esto, digo, Salado puede figurar entre los hombres corrientes, simpáticos, agradables, tan dispuestos para un fregado como para un barrido. Casado y con hijos, es mejor padre que esposo, y mejor Alcalde para sí que padre para el pueblo que administra.