Explore "Narváez" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
17 de Mayo.- No me preguntéis nada de cosas públicas, ni aun de la expedición militar que ha salido ya para Italia. Todo lo ignoro, y lo que traen a mi oído derecho los amigos cuenteros y parlanchines, o el bullicio de las calles, no tardo en arrojarlo por el izquierdo hasta dejar mi caletre vacío de cuanto no pertenezca a mis personales intereses y cuidados. He tenido a mi mujer muy malita. ¡Qué días, qué cinco semanas de mortal ansiedad! En mi sobresalto y tribulación temí que no sólo perdiéramos el fruto, sino el árbol. Gracias a Dios, vimos felizmente resuelto el infarto de la garganta y cuello con alarmantes manifestaciones de erisipela. Dejadme que respire. Ya la tenemos completamente bien: el mundo recobra su alegría. Yo le digo a María Ignacia que Dios está resueltamente de nuestra parte; ella se ríe y me contesta, barajando la fe con el escepticismo: «Acá para entre los dos, Pepe, yo pienso que Dios me ha de conceder. ya sabes qué. el tener felizmente a nuestro hijo, pues ya que me negó tantas cosas buenas que otras poseen, esta me la tiene que dar. Si no, no sería justo.
Aunque. vete a saber si es justo. Yo voy creyendo que no lo es, y que su principal atributo es la injusticia, al menos lo que por tal tenemos de tejas abajo, y que es quizás. la sublime esencia de la justicia. En fin, chico, lo que quiera Dios ha de ser, y, como dice tu madre, venga lo que viniere, siempre tendremos que dar gracias».