Narváez by Benito Pérez Galdós — Read

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31 de Mayo.- Asistido de mi excelente memoria pude contarle a María Ignacia los varios incidentes y dichos de mi conferencia con Narváez. No se contuvo mi mujer en el asombro que tan interesante visita debía de causarle, sino que se divirtió grandemente oyéndome referir los pasajes cómicos, y se rió con ellos como en la representación de un gracioso sainete. «Por lo que cuentas - me dijo -, pienso, como tú, que le falta un resorte, y es lástima que un hombre de tan buenas prendas no las tenga completas y bien ordenadas. Pero se me ocurre una cosa, Pepe. Dios le negó a D. Ramón el resorte o clavija para concertar la voluntad con la inteligencia; pero le ha concedido a Bodega, que viene a ser como clavija suplente, que hace las veces de la que falta. Me parece a mí que España estaría gobernada con perfección si el Duque fuera ejecutor de lo que pensara y dispusiese el Bodega. ¿No crees tú lo mismo?».

Hablamos aquella noche y al siguiente día de lo que Narváez llamaba conspiración en casa de Emparán, y convinimos en que, si no formal conjura, hay un exceso de comidillas que pueden ocasionar algún disgusto. Me ha dicho Ignacia que delante de ella suspenden la conversación o varían de tema. Como en mi presencia no se habla tampoco de Narváez y sus Ministros, resultamos mi mujer y yo en una especie de aislamiento político dentro de la familia. Don Feliciano, en puridad, parece curarse poco de las hablillas de sus amigotes, o no les da importancia real, como hombre que llegado al colmo de sus ambiciones, bien cubierto el riñón, vive persuadido de que con unos y con otros siempre ha de estar a flote. Que personalmente no patrocina aventuras, bien a la vista está. Es absolutista furibundo, cimentado en el pedernal de la religión, más que por la pura fe, por la tenaz creencia de que las artes de Gobierno se derivan del dogma, y de que la potestad civil y la divina son dos brazos de un solo cuerpo. A pesar de esto, no se lleva mal con lo existente, ni apetece variaciones que podrían traernos un estado peor. Su gran riqueza es la consejera de su inestabilidad, y le inspira el prudente sistema de poner toda cuestión política en manos de Dios. «A lo que el Señor disponga debemos atenernos - es su lema .

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