Explore "Narváez" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Recorriendo la Castellana, cuando ya la tarde caía, deploraba yo que la presencia de la beldad vetusta me privase de hablar con Eufrasia libremente. Perdóneme mi cara esposa; yo me sentía de improviso arrastrado fuera de la existencia regular, al influjo de aquella mujer, que si fue mi tentadora en tiempos libres, cuando con piadosa mano hacia las pacíficas venturas materiales me guiaba, ahora, por diverso estilo, me trastorna y enciende con los atrevimientos de su voluntad sin freno. Lo único de que yo hablarle podía delante de la señora mayor, era la conspiración de ópera cómica en que ponía todos los donaires y sutilezas de su entendimiento, y sobre ello le pedí más explicaciones, que sólo a medias quiso darme. «Conténtese usted, por ahora, con lo que le dije. y es que por el momento hay tregua. ¡Pues no faltaría más sino que yo le revelara a un enemigo nuestros planes! Bastante haré, el día en que se den los pasaportes al Ministerio Narváez-Bodega, y se haga limpia general de hombres públicos, bastante haré, digo, con librarle a usted de que le lleven a las Marianas, a tomar los aires que me recetaron a mí. Esté, pues, tranquilo. Y no le digo que se venga a conspirar a mi campo, porque con el Marqués de Beramendi no hay que contar ya para nada. Hombre acaudalado y padre de familia, sus ambiciones deben limitarse a cuidar hijos, que los tendrá en gran número, sin que pueda en ningún caso dudar que son suyos. ¿Le parece que es ésta poca ventaja en los tiempos que corren?
- Es usted mala, Eufrasia, y pensando bien por el lado mío, arroja por otros lados su sátira cruel.