Narváez by Benito Pérez Galdós — Read

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La tarde de la merienda, a la vuelta de la Boca del Asno, Su Majestad, pasado un rato después de los saludos de ceremonia, y cuando yo pensé que no se acordaba ni del santo de mi nombre, se volvió de repente a mí y me dijo: «Pero tú, Beramendi, que tan bien sabes escribir las cosas que pasan. y con tanta naturalidad, que parece que las estamos viviendo, ¿por qué no escribes esto que ahora ocurre con la Lola Montes?». Por aquellos días traían los periódicos el proceso que a nuestra célebre compatriota le formaban por bigamia. Afortunadamente, yo había leído el caso, y pude contestar a Su Majestad con dominio del asunto. «Señora, para escribir eso - le dije -, necesitaría conocerlo por mí mismo, y esto no es fácil; la propia Montes no habría de contarme toda la verdad.». «Pues yo declaro - añadió la Reina -, que me ha hecho gracia el desahogo de esa mujer para casarse con el teniente Heald, estando casada con otro. Vamos, que daría yo cualquier cosa por oír lo que dice el teniente, que, según cuentan, es una criatura. ¡Y qué monísimo estará llorando por su Lolita, que el otro reclama! Lo que es mujer de talento, vaya si lo es. ¿Y qué me dices de la que le armó al Rey de Baviera? Ello será una barbaridad; pero a mí me agrada, no puedo remediarlo, que sea española la que ha hecho tantas diabluras.

Anímate, anímate a escribirlo, y desde ahora te aseguro que si lo imprimes lo leeré con muchísimo gusto». Respondí que si la señora tenía gran empeño en que tal historia escribiese, la obedecería; pero que yo, no sé si por mi suerte o mi desgracia, no me dedico a las letras, ni paso de un simple aficionado sin pretensiones. Díjome Su Majestad que no fuera tan modesto, y ya no se habló más del asunto, porque quien variaba la conversación a su antojo, picando aquí y allá, se puso a bromear con la Marquesa de Sevilla la Nueva sobre la mayor o menor gallardía de los buches en que cabalgaban los señorones de su cortesano acompañamiento. La verdad, no estaba yo satisfecho de aquella mi primera conversación con Isabel II, porque si su idea fue plantear un tema literario, no había estado muy atinada en la elección, y además, yo no había sabido darle un airoso giro.

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