Explore "Tormento" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Miércoles!. Digno sucesor del día precedente, fue todo humedad y penumbra, el cielo llorando, la tierra convertida en lago sucio y espeso. Creeríase que una gran masa de chocolate gris se había derramado sobre las calles. Las movibles bandadas de paraguas iban por las aceras, cediéndose el paso con dificultad y cubriendo mal a las personas. Los chorros de los canalones tocaban sobre ellos redobles de tambor, y unos a otros se embestían, se picoteaban, se arañaban. Veíanse sombreros parecidos a manantiales, y caras semejantes a las de los tritones y náyades de mármol que desempeñan el más húmedo de los papeles en las fuentes públicas.
Miraba esto Agustín tras los cristales del balcón de su cuarto, y al compás de aquella tristeza del tiempo se cantaba a sí mismo esta elegía sin música: