Explore "Tormento" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Torturada por estas y otras cavilaciones toda la noche, determinó volver a la mañana siguiente al confesonario de la Buena Dicha. Hízolo así. No iba a confesar, sino a decir simplemente: «Me ha faltado valor, padre, para hacer lo que usted me mandó». Echole el cura un sermón muy severo, dándole luego ánimos y asegurándole un éxito feliz si se determinaba.
También aquel día vio de lejos a Doña Marcelina Polo, toda negra, la cara de color de caoba, fija en su banco cual si estuviera tallada en él. Volvió la penitente a su casa más tranquila; pero mirando a su interior no encontraba la fuerza que el sacerdote había querido infundirle.