Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
De la venida de don Gaytán de Sepúlveda, con otros inauditos sucesos que verá el que leyere.
Al siguiente jueves (que lo narrado fué un martes), llegó á la delantera de la casucha un hidalgo viejo montado en una yegua pía. Era don Gaytán de Sepúlveda, á quien la gente del país designaba con la forma arcáica de su nombre de pila, sin duda por ser él un viviente arcaísmo. Andaba don Cayetano de Sepúlveda al ras de los setenta años, y se mantenía terne y activo de todos sus órganos, excepto de la vista, por lo que usaba gafas muy fuertes de présbita, montadas en concha y con vidrios laterales. Su rostro afilado más parecía de dómine que de lo que era, un ricachón de quien se decía que traspalaba las onzas; mas como ya no hay onzas, debía decirse que apilaba los fajos de billetes de Banco. Llevaba un sombrero negro, achambergado, y un capote de barragán que no soltaba hasta el cuarenta de Mayo, ó más. Era terrateniente, fuerte ganadero y monopolizador de lanas, banquero rural, y de añadidura cacique ó compinche de los cacicones del distrito; hombre, en fin, que á todo el mundo, á Dios inclusive, llamaba de tú…