El Caballero Encantado by Benito Pérez Galdós

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Del conocimiento que hizo Gil con el industrioso mercader Bartolo Cíbico.

Trabajando en la cantera con desordenado empuje, el buen Gil dejó que las manos se entendieran solas con las piedras, sin el gobierno de la voluntad, y ardía en éstos y otros coloquios consigo mismo: "Buscaremos á la Madre… Madre, ¿dónde estás? ¿Te has subido al Moncayo, que es tu más alto trono, de donde puedes mirar á Castilla y Aragón?… Pero si allí estás, ¿cómo hemos de subir á la cima de ese monte mi Cintia y yo, que somos criaturas mortales, aunque encantadas?… Pensando, Madre, pensando dónde podríamos encontrarte, se me ha ocurrido que tú no sólo habitas en las cumbres geográficas, sino en las cumbres históricas. ¿Estarás en Numancia, quiero decir, en lo que fué Numancia, que si algo queda de ella tú sabrás dónde está? He oído que cerca de Soria yace soterrado el cuerpo glorioso de aquella ciudad. Allá, allá iremos á buscarte".

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