Explore "El Caballero Encantado" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Prosiguiendo en su vaga peregrinación, el encantado caballero va camino de Numancia.
Ganada la confianza con el largo palique, Bartolo y Gil llegaron á tutearse. "Fíate de mí -dijo el pacotillero, dejando ambos los duros colchones á punto de amanecer. Tú sales ahora, y yo contigo para llevarte, con el resguardo de mi persona bien acreditada, hasta las ruinas de un castillo de Templarios que tenemos como á un cuarto de legua. Allí te guareces; allí me esperas, pues acá me vuelvo á despachar mis cobranzas y recibir encargos. Al mediodía nos reuniremos para encaminarnos despacito hacia un pueblo de pesca que llaman Renieblas, donde tengo trabajo lo menos para tres días. Tú sigues por las veredas que te indicaré, bien apartadas del camino onde podrás encontrar los malditos tricornios. Y si los encontrares, fíate de tu cédula y no corras, aunque no esté bien decir de la cédula lo que de la Virgen decimos; y si apurado te vieres, te haces pasar por criado mío, que para esa comedia te daré un paquetito de medallas del Pilar, dirigido al ama del cura de Santiago, que las revende en su iglesia… y así vivimos todos".