El Caballero Encantado by Benito Pérez Galdós

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Donde se verá cómo principió el espantoso vía-crucis y horrendo calvario del caballero sin ventura.

Mientras el don Ramiro (que por ser Gaitón merecerá toda la antipatía de los que esto lean) creíase obligado, por deber y por derecho, á prestar auxilio á la hermosa señora del carro, y disponía que conducida fuese á la botica (regentada por otro Gaitón) para que se le administrara una bebida antiespasmódica, Gil era empujado con violencia y grosería hacia el interior del feo edificio. Hallóse dentro de un local que recibía la luz de enrejada ventana estrecha, y con abandono de animal rendido de cansancio se arrojó al suelo, que en algunos sitios tenía montones de paja donde duraba el hueco de otros presos allí albergados anteriormente. Su desesperación no le dejaba espacio para considerar las consecuencias de su infortunio ni los medios de conjurarlo. A poco de humillarse sobre la paja, cayó en un sopor febril, que le daba la sensación lúgubre de un descenso á los profundos abismos, donde le maltrataban y escarnecían diablos crueles y harpías desvergonzadas… La noche le encontró en el propio estado de somnolencia, con intervalos de estupidez ó embrutecimiento, en los cuales percibía los ásperos ronquidos de otro infeliz que no lejos de él mataba las horas.

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