Explore "La de los Tristes Destinos" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con refinadas etiquetas y besuqueo de manos, la noble familia se despidió de la Reina y del heredero de la Corona. Por el camino y en su casa comentaron los Marqueses la visita, mostrándose agradecidos (ella principalmente) a la bondad de la Señora, y un tanto dudosos (él más que ella) del valor de las bandas y títulos con que la graciosa Majestad les obsequiaba. Divagó risueña y con un poquito de vanidad María Ignacia, pensando y diciendo que le gustaría para Pepito el título de Conde de Monreal, nombre de la inmensa propiedad que en aquel lugar de Navarra poseían. A todo contestaba Fajardo afirmativamente; que nada era para él tan grato como acomodarse a las ideas y gustos de su buena esposa.
Con sus amigos, que nunca le faltaban; con la política y con los viajes aerostáticos de Confusio por los espacios de la Historia, pasó Beramendi muy entretenido los primeros meses del 67. La reunión de las nuevas Cortes moderadas, con la servil reata ministerial que trajo González Bravo; la flamante Constitución interna, entremés político del mismo Maese González, y otras cosillas que diariamente surgían en el retablo de los acontecimientos, eran la sabrosa comidilla del vulgo. De la tal Constitución interna hizo Juanito una divertida parodia en verso libre, o libertino, que ahora no tiene cabida en estas páginas por la preferencia que es forzoso dar a un asunto más relacionado con la persona del amigo Fajardo.