La de los Tristes Destinos

Explore "La de los Tristes Destinos" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Elegido por el ansotano un sitio para vivaquear, encendieron lumbre y a ella se arrimaron gozosos; que Agosto dejaba sentir en aquellas alturas su cruda frialdad. La noche fue alegre, amenizada por la fogata y una cena frugal. Con esto y una dormida breve, repararon sus fuerzas, y a la madrugada siguieron su camino por gargantas estrechas y ondulantes senderos con más bajadas que subidas. A las tres horas de camino oyeron un ujujú lejano, después otro más próximo. «No hay qué temer -dijo el práctico-: son amigos», y soltó él una especie de relincho que repercutió en las solitarias hoces por donde caminaban. Al poco rato se les aparecieron tres hombres armados de escopetas. Eran montañeses de Hecho. Reconocidos por Quirós, se estrecharon las manos gritando: «¡Aragón. Libertad!».

Al cabo de otra larga caminata, vieron dos hombres que se alejaban traspasando una loma: eran carabineros franceses que se recogían a sus puestos. A la media hora, llegaron a una caseta, frente a la cual Silvestre Quirós se detuvo con cierta solemnidad, y descubriéndose dijo: «Señores, estamos en España». Isidro el Pollero, arrebatado de súbito entusiasmo, saludó el suelo de la patria con patadas vigorosas y estos desaforados gritos: «Aquí nos tienes, España; venimos a traerte la Libertad. Tómala (reforzando los pisotones), tómala por buenas o por malas». Poseído Ibero de emoción viva, callaba, y pisaba suavemente. Sus primeros pasos en España después de tan larga emigración eran mesurados, respetuosos, como si hollaran una superficie sensible.

Reading navigation