Explore "El Amigo Manso" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los segundos que tardó en aparecer en la sala, ¡cómo se deslizaron pavorosos!. Entró, y al verme. No, jamás ha sufrido un hombre desconcierto semejante. Yo me sentí fuerte y dueño de mis facultades para operar con ellas como me conviniera. Mereciera o no la mosquita muerta mi ardiente defensa, ¿qué me importaba? Yo, caballero del bien, me disponía a dar una batalla a su enemigo, que era también el mío. A la carga, pues, y luego veríamos.
La sorpresa pudo en José más que la turbación, y se le escapó decirme: