Explore "El Amigo Manso" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Ay infelice! Mortal cien veces mísero, desgraciado entre todos los desgraciados, en maldita hora caíste de tu paraíso de tranquilidad y método al infierno del barullo y del desorden más espantosos. Humanos, someted vuestra vida a un plan de oportuno trabajo y de regularidad placentera; acomodaos en vuestro capullo, como el hábil gusano; arreglad vuestras funciones todas, vuestros placeres, descansos y tareas a discreta medida para que a lo mejor venga de fuera quien os desconcierte, obligándoos a entrar en la general corriente, inquieta, desarreglada y presurosa. ¡Objetivismo mil veces funesto que nos arrancas a las delicias de la reflexión, al goce del puro yo y de sus felices proyecciones; que nos robas la grata sombra de uno mismo, o lo que es igual, nuestros hábitos, la fijeza y regularidad de nuestras horas, el acomodamiento de nuestra casa!. Pero estas exclamaciones, aunque salidas del fondo del alma, no bastan a explicar el grande y radical cambio que sobrevino en mis costumbres.
Oíd y temblad. Mi hermano, mi único hermano, aquel que a los veintidós años se embarcó para las Antillas en busca de fortuna, me anunció su propósito de regresar a España trayendo toda la familia.