Explore "El Amigo Manso" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
O, por lo menos, fue la que más claramente vi. Cuando principié, con voz no muy segura, me hacía visajes en los ojos el decorado pseudo- morisco de los palcos: la puntería de gemelos, así como el movimiento de tanto abanico me distraían. En uno de los proscenios bajos había una bendita señora cuyo abanico, de colosal tamaño, se cerraba y se abría a cada momento con rasgueo impertinente. Parecía que me subrayaba algunas frases o que se reía de mí con carcajadas de trapo. ¡Maldito comentario! En el momento de concluir una frase, cuando yo la soltaba redonda y bien cortada, sonaba aquel ras que me ponía los nervios como alambres. Pero no había más remedio que tener paciencia y seguir adelante, porque yo no podía decirle a aquella dama, como a un alumno de mi clase, "haga usted el favor de no enredar. ".
Y seguí, seguí. Un miembro tras otro, frase sobre frase, el discursito iba saliendo, limpio, claro, correcto, con aquella facilidad que me había costado tanto trabajo. Iba saliendo, sí señor, y no a disgusto mío, y a medida que lo iba pronunciando, mi facultad crítica decía: "no voy mal, no señor. Me estoy gustando, adelante. ".