Explore "Miau" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
No pareció Víctor en toda la noche; pero á la mañana, temprano, fué á reiterar la temida sentencia respecto á Luis, no cediendo ni ante las conminaciones de doña Pura, ni ante las lágrimas de Abelarda y Milagros.
El chiquillo, afectado por aquel aparato luctuoso, se mostró rebelde á la separación; no quería dejarse vestir ni calzar; rompió en llanto, y Dios sabe la que se habría armado sin la intervención discreta de Villaamil, que salió de su alcoba diciendo: «Pues es forzoso separarnos de él, no atosigarle, no afligir á la pobre criatura». Asombrábase Víctor de ver á su suegro tan razonable, y le agradecía mucho aquel criterio consolador, que le permitiría realizar su propósito sin apelar á la violencia, evitando escenas desagradables. Milagros y Abelarda, viendo el pleito perdido, retiráronse á llorar al gabinete. Pura se metió en la cocina echando de su boca maldiciones contra los Cabreras, los Cadalsos y demás razas enemigas de su tranquilidad, y en tanto Víctor le ponía las botas á su hijo, tratando de llevársele pronto, antes que surgieran nuevas complicaciones.